Agua y fraternidad global

Las naciones del mundo ya están tomando medidas para proteger el agua y darle un mejor uso.

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 Siempre se ha dicho que el clima no está segmentado por naciones, sino que es como una sola cobija que nos cubre a todos. Por eso hoy no existe un solo país en el planeta que no esté afectado por el cambio climático. Sucede casi lo mismo con el agua. ¿Entonces Colombia podría ayudar a naciones del denominado Cuerno de África, como Somalia, Sudán o Etiopía, a tener acceso a un líquido potable? ¿Qué tal ver al Reino de los Países Bajos gestionando soluciones para llevarle saneamiento a la Alta Guajira?

Suena romántico, como un texto novelero. Pero fue lo que le dio sustento a la Organización de las Naciones Unidas para declarar el 2013 como el Año de la Cooperación en la Esfera del Agua, un título que se hizo oficial el pasado 11 de febrero y que se consolidará el próximo 22 de marzo con eventos en París y La Haya.

El acceso al ‘zumo vital’, como llamaban los muiscas a este recurso, supone hoy uno de los mayores retos para darle salud, alimentos y energía a una población global de siete mil millones de personas y que llegaría a los nueve mil millones en el 2050.

Por eso, la idea es unir a científicos, políticos, especialistas en gestión del agua y de la sociedad civil, para asegurarnos de que el agua dulce esté ahí, disponible para saciar las necesidades de todos.

“La idea es crear conciencia sobre el éxito que podría significar un mayor trabajo en equipo para cumplir los Objetivos de Desarrollo del Milenio”, explica Margarita Astrálaga, directora regional del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma).

Un ejemplo de lo que se puede hacer lo demuestran Brasil, Uruguay, Paraguay y Argentina, que comparten el sostenimiento y cuidado del acuífero Guaraní, un reservorio subterráneo de agua dulce que está debajo de la cuenca fluvial del río de La Plata. Cada país se surte de acuerdo con sus necesidades. Brasil es el que más lo usa, al abastecer entre 300 y 500 ciudades. Uruguay y Paraguay tienen entre 150 y 200 pozos cada uno, y Argentina otro tanto para usos comunitarios y agrícolas.

Y es que el agua dulce fluye libremente. Hay 276 cuencas transfronterizas en el mundo (64 en África, 60 en Asia, 68 en Europa, 46 en América del Norte y 38 de América del Sur). Pero de ese total, 185 son compartidas solo por dos países; 256 son compartidas por dos, tres o cuatro países (92,7 por ciento) y 20 por cinco o más países (7,2 por ciento). Rusia comparte 30 cuencas, Chile y Estados Unidos comparten 19 cada uno, Argentina y China 18, Canadá 15, Guinea 14, Guatemala 13 y Francia 10.

“Al elegir la cooperación y no la competición, podemos hacer del agua dulce un instrumento de paz”, agrega Astrálaga.

Un objetivo final y clave de esta iniciativa es bajar cifras apremiantes, como la que indica que 3,5 millones de muertes se producen en el año, y en todo el mundo, porque la población no tiene sistemas adecuados de saneamiento y abastecimiento. También se presentan entre 3 y 5 millones de casos de cólera por esta misma crisis de infraestructura.

Ochocientos millones de personas en el mundo no tienen acceso al agua potable y cerca de 2.500 millones no poseen servicios de saneamiento adecuado. En Colombia, según la Defensoría del Pueblo, los habitantes de 570 municipios consumen agua contaminada o con algún tipo de riesgo para la salud. Esto ocurre en uno de los países con mayor potencial hídrico del mundo. Solo el 31 por ciento de la población del país recibe el líquido en buen estado.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el planeta está enfrentado a un dilema: la disponibilidad de agua va a disminuir en numerosas regiones y, sin embargo, el consumo mundial aumentará un 19 por ciento de aquí al 2050. Sin progresos tecnológicos, intervención política o controles al consumo, la demanda del líquido aumentará más todavía.

Por ejemplo, el uso creciente de productos cárnicos es desde hace 30 años lo que más impacto tiene en el consumo de agua, un fenómeno que se prolongará durante toda la primera mitad del siglo XXI, según la FAO. Son necesarios 3.500 litros de agua para producir un kilo de arroz, en tanto que para producir un kilo de carne de vacuno se precisan 15.000 litros de agua.

Por este diagnóstico es que la cooperación en temas hídricos es esencial para erradicar la pobreza, lograr la equidad social y la igualdad de género. Porque aunque muchos digan que la necesidad de tener acceso al agua causaría la tercera guerra mundial, también podría significar un catalizador y un propulsor de la fraternidad global.

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